Las rotondas salvan vidas y reducen las emisiones de carbono

Tendencias 23 de noviembre de 2021
Carmel, la ciudad de EE.UU. que ama las rotondas.
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Carmel, una ciudad al norte de Indianápolis con unos 102.000 habitantes, cuenta con alrededor de 140 rotondas y se espera que próximamente se construyan unas diez más. La seguridad es la principal justificación para las glorietas porque, comparadas con las intersecciones normales, reducen de manera significativa las lesiones y las muertes.

Pero también hay un beneficio para el clima.

Como las rotondas modernas no cuentan con semáforos donde los autos se detienen y permanecen en ralentí, no consumen tanta gasolina. Aunque hay pocos estudios, el exingeniero de la ciudad de Carmel, Mike McBride, calcula que cada rotonda ahorra unos 20.000 galones de combustible al año, logrando que anualmente los autos de Carmel emitan casi 30 toneladas menos de emisiones de carbono que calientan al planeta. Y, en general, los funcionarios de carreteras de Estados Unidos coinciden en que las rotondas reducen las emisiones de los tubos de escape.

Las rotondas tampoco requieren electricidad y, a diferencia de los semáforos, siguen funcionando incluso después de una fuerte tormenta, una ventaja en estos tiempos de turbulencia meteorológica.

“Las rotondas modernas son las intersecciones más sustentables y resilientes que hay”, dijo Ken Sides, presidente del comité de rotondas del Instituto de Ingenieros de Transporte.

La razón por la cual Carmel tiene tantas rotondas es Brainard, el alcalde republicano que ha gobernado la ciudad durante siete mandatos.

Las rotondas modernas, en comparación, son compactas, tienen límites de velocidad más bajos, ceden el tránsito en vez de detenerlo y por lo general consisten de menos carriles. A diferencia de las rotondas de tráfico donde los automóviles entran en ángulos de 90 grados, el tráfico fluye hacia las rotondas modernas en un ángulo más pequeño, reduciendo drásticamente las posibilidades de congestión vehicular. Además, las que están bien diseñadas son más amigables con los peatones y los ciclistas. En 1997, Brainard supervisó la construcción de una rotonda en las afueras de la ciudad y al año siguiente añadió otras dos. Los vecinos, escépticos al principio, rápidamente se acostumbraron: las nuevas intersecciones aliviaron los atascos de las horas pico y redujeron las paradas. En una década, la ciudad ya contaba con 50 y en los próximos diez años volvió a duplicar esa cantidad.

“Ahora no podemos vivir sin ellas”, dijo Becky Blystone, una profesora de prescolar que también trabaja en All Things Carmel, una tienda de recuerdos que vende baratijas relacionadas con rotondas como portavasos, barajas y adornos colgantes.

Las emisiones de carbono por rotonda dependen mucho de la ubicación, la construcción, el volumen y la hora del día: un estudio de dos glorietas en Mississippi halló un decremento de 56 por ciento de emisiones de dióxido de carbono; otro calculó las reducciones acumuladas en seis rotondas en cifras de 16 y 59 por ciento. Las estimaciones de Carmel son solo eso: el ingeniero de la ciudad empleó cálculos basados en un estudio de Virginia. Pero en general, la Administración Federal de Carreteras ha encontrado que las rotondas causan menos emisiones que otras intersecciones señalizadas e indica que la diferencia puede ser “significativa”.

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