A un año del Mundial Qatar 2022, datos de un torneo sorprendente

Tendencias 20 de noviembre de 2021
Casi todos los estadios están listos y a no más de 70 kilómetros entre sí; la sustentabilidad, los reclamos por derechos humanos, la falta de camas para tantos turistas y Doha a pleno.
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Jugar un Mundial a contramano del calendario y en un radio de 70 kilómetros. Es una manera de las tantas que se puede presentar el Mundial de Qatar, que este domingo empezará su cuenta regresiva de un año: es el tiempo que faltará para que la pelota empiece a rodar en el partido inaugural el 21 de noviembre de 2022 en el estadio Al Bayt, a las 7 de la mañana argentina. Con ese tiempo por delante, en estos días los organizadores se ocuparon de instalar la imagen de que todo marcha de acuerdo con lo planeado y que no habrá apuros ni imprevistos.

Los estadios, a punto
Seis de los ocho estadios construidos especialmente para la Copa del Mundo están terminados ya. Este sábado se presentará la conclusión del séptimo, el Ras Abu Aboud (renombrado como 974 Stadium), que será inaugurado durante la Copa Árabe, un ensayo general para el Mundial que comienza el 30 de noviembre y termina un año antes de la definición de la Copa del Mundo, el 18 de diciembre. El último recinto que estará terminado es el Estadio Lusail, la sede de la final.

Siete de los ocho estadios tendrán un sistema de refrigeración que llevará la temperatura a 22 grados, más allá de lo que ocurra afuera. Si bien noviembre y diciembre son los meses de menos calor en Qatar, la temperatura puede superar los 30 grados.

Un Mundial a mano
Dado que Qatar es el país más pequeño en tamaño (11.600 km2) en albergar la Copa del Mundo y, como todos los estadios están situados en Doha y sus alrededores, los aficionados podrán asistir a varios partidos el mismo día, un beneficio impensado en la cita anterior, lo opuesto: se jugó en Rusia, el país más grande del mundo en extensión (17 millones de km2). Para hacer más real esa posibilidad, se extendió la línea de subterráneos, que ahora abarcan las sedes del Mundial de punta a punta. Se podrá ir a todos los estadios sin necesidad de subirse a un auto, aprovechando ese beneficio que contrasta con los automóviles 4x4 que pululan habitualmente por las calles de la capital.

El diario inglés The Guardian denunció en febrero que alrededor 6500 trabajadores provenientes de India, Pakistán, Nepal, Bangladesh y Sri Lanka habrían muerto en Qatar desde que el país consiguió la organización del Mundial, hace más de diez años. La organización enfatiza que esas estadísticas están falseadas, porque incluyen todas las muertes de residentes de Qatar de esos países en ese lapso. Discusión al margen, las condiciones laborales de los trabajadores está en el ojo de la tormenta: el calor abrasador es un enemigo presente casi todo el tiempo. Hay otras cuestiones profundas que también levantan las miradas del mundo occidental. Qatar es un emirato musulmán conservador en el que las libertades sexuales están restringidas: no se reconoce el matrimonio o unión civil entre personas del mismo género. En lo cultural, por citar un ejemplo, el acceso a las bebidas alcohólicas está muy restringido.

Los cálculos que realiza la organización local y también la FIFA apuntan a que los visitantes que lleguen al emirato durante el Mundial podría ser 1.3 millón, el equivalente a la mitad de la población permanente del país. Entonces, surge naturalmente un problema: dónde alojar a tanta gente. Al respecto, y en línea con la idea de sustentabilidad, se evitó la construcción de grandes moles hoteleras, luego imposible de ser explotados. ¿Y entonces? Entre las posibles soluciones está la de crear “zonas de aficionados” en el desierto y hoteles flotantes en el puerto, para lo que se firmó un convenio con una cadena de cruceros que podría proporcionar otros cuatro mil lugares. En cualquier caso, las 130 mil camas que podrían ponerse a disposición en tierra resultan insuficientes. El tema sigue siendo debatido.

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