Para llorar

El País 09 de noviembre de 2021
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No hay explicación. La policía bonaerense reprimió anoche con balas de goma y gases lacrimógenos a los manifestantes que reclamaban por el crimen de Roberto Sabo, un kiosquero de 48 años asesinado en un robo que sufrió su comercio el domingo a las dos de la tarde en pleno centro de Ramos Mejía.

Todo está filmado: tanto el robo como la represión. La última fue incluso transmitida en vivo (y hasta con drones) por algunos canales de noticias. “Tuvimos que tirar gases porque si la gente prende fuego la comisaría se calcinan todos los detenidos”, adujo el ministro de Seguridad, Sergio Berni, minutos después en TN. No se vieron hasta ahora imágenes que evidencien un riesgo como ese de manera inminente. La protesta, en cambio, llevaba varias horas y había logrado captar la atención de la agenda informativa en la última semana antes de las elecciones.  

El crimen del kiosquero tiene todo para causar indignación. Un asesinato a un trabajador cometido a plena luz del día en una zona céntrica del conurbano por una persona con antecedentes por otro delito grave.

El delincuente estaba acompañado por una joven embarazada de 15 años que fue detenida con él.

La víctima tenía dos hijos adolescentes y la familia dependía económicamente del kiosko. La bronca se sentía desde temprano. Pero si hasta ese momento el crimen había expuesto serias deudas en materia de seguridad y justicia, la represión sumó una más sensible todavía de orden política. Antes de que los manifestantes se desconcentraran, varios empezaron a cantar "que se vayan todos, que no quede ni uno solo".

El acusado de asesinar de al menos seis disparos al kiosquero Roberto Sabo, durante un asalto cometido ayer en la localidad bonaerense de Ramos Mejía, se negó esta tarde a declarar ante el fiscal de la causa, lloró en la audiencia y rogó "por favor" que no le "pidan prisión perpetua", informaron fuentes judiciales.

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