Say no more

El País 25 de octubre de 2021
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Imposible escapar al fervor que generaron los homenajes por los 70 años de Charly García. Es que más allá del componente emocional, las canciones del artista, todavía nos interpelan. Los lunes son aún como los que vivía sus épocas de Sui Generis.

Quizás sea por ser lunes, pero la sensación de que nada cambia está y se extiende cada vez más sobre las medidas anunciadas para tratar de salir de la crisis actual.

Cambio de gabinete, control de precios e invitación a un gran acuerdo con la oposición. Las medidas para revertir las PASO ya fueron probadas en el pasado y no tuvieron éxito. Tampoco se materializó jamás la convocatoria a los gobernadores para involucrarlos en la gestión nacional, ni es novedoso el planteo de “convertir los planes sociales en empleo”.

Siempre choca con el mismo obstáculo, la falta de una economía dinámica, que genere demanda de trabajo. Por eso no sorprende que estemos igual que ayer y que no haya proyección sobre una mejora electoral.

Con el 14 de noviembre casi como accidente, con excasas expectativas sobre el resultado, Alberto y Cristina bosquejan la convivencia futura que tiene una cláusula básica: garantizar, camino al 2023, la participación y competencia interna. Fue una de las promesas que no cumplieron.

Fernández viajará la noche del jueves a Roma para participar el fin de semana de la cumbre del G20, el grupo de naciones en desarrollo y emergentes, una membresía que la Argentina -y los últimos cinco presidentes- le debe a Carlos Menem, todo hay que decirlo. Saltará de allí a Escocia el lunes para la cumbre del clima de las Naciones Unidas, en Glasgow.    

Se verá qué agenda han conseguido armarle en Roma al Presidente. Fernández llegará con el espaldarazo que el G20 le dio días atrás a la ambición argentina de que el Fondo acceda a un recorte de la sobretasa de interés que debe pagar por  la excepcionalidad de la deuda de US$44.000 millones contraída por el gobierno de Mauricio Macri. También a la iniciativa de que los países más ricos redirijan sus Derechos Especiales de Giro (DEG, la "moneda" del FMI) a los países más vulnerables, de ingresos bajos y medios a través de un Fondo de Resiliencia y Sostenibilidad para reducir riesgos futuros. 

La Argentina tiene que pagar US$1.800 millones de dólares en diciembre, casi US$ 19.000 millones en 2022 y otro tanto en 2023. Es una deuda que jamás fue pensada para ser honrada en estos plazos. La expectativa del  Presidente es cerrar el acuerdo con el FMI tan pronto se pueda, como se ha acostumbrado a decir. ¿Qué significa? “No queremos que por apurarnos perdamos algunos de los objetivos que nos hemos propuesto”, sostiene Fernández.

Mientras el dólar amenaza otra vez con impactar sobre los precios, empresarios de los más cercanos al oficialismo insisten en que la legitimidad del Presidente depende sobre todo de las señales políticas que envíe la cúpula del Frente de Todos. Afirman que, a esta altura, el nombre del ministro de Economía que vaya a ejecutar el plan de estabilización es “intrascendente”. Ante la suba de una inflación que derrite los ingresos, llega al 52,5% interanual y se desató otra vez en la primera quincena de octubre, la asunción de Roberto Feletti como secretario de Comercio Interior le dio al oficialismo una consigna para salir a defender en las últimas tres semanas de campaña electoral y un motivo para que los intendentes, los movimientos sociales y La Cámpora se movilicen en torno a un tema que afecta sobre todo a los que viven de un ingreso en pesos.  
Urgido en todos los planos, el gobierno se enfrenta así con un sector concentrado en el que parecía hasta hace una semana buscar un entendimiento.

Say no more.

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