Un día, Talleres

Editorial Beat 11 de octubre de 2021
Fue el día del regreso a la cancha, pero también fue cómo y con quién viniste; si fuiste cantando, bailando o simplemente mirando…Feliz o ahogando la pena. Buscando esa relación con Talleres y nada más. Siendo de todos/as y de nadie.
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“Hay personas que lo único que tienen en la vida es Talleres. Qué voy a hacer sin poder ir a la cancha. Yo peleo contra un cáncer, pero más duro es no ver a Talleres”. Esa expresión del “Colorado” René Batán es su forma de vivir al club de barrio Jardín. Es un ser albiazul, que como muchos y muchas que se definen así, se aprestaba a entrar en el confinamiento como todo el mundo por obra del maldito Covid-19. Y su drama era no poder ir a la cancha. Más que su salud, que los riesgos de pegarse el virus y la economía. Porque René (el que le sumó una “T” a su apellido en su DNI) es maestro mayor de obras o albañil según el trabajo que le encarguen y llegó un momento en el que también lo perdió porque no había laburo.

¿Cómo habrá sido el aislamiento de la “Martita” Melgarejo?  Como ella, dice: “Después del Señor y la familia, Talleres”. La pandemia también la dejó sin poder ir a la cancha y le dolió tanto como cuando ya no pudo ejercer el noble oficio de la enseñanza. Porque era maestra.  Hubo que preservar la identidad, reinventando la pasión, recordando partidos, ascensos, viajes, canchas hermosas e inverosímiles; asados, amigos, amigas, amores…Era otro Talleres. Había que seguir al primer equipo por todas las plataformas. Electrónicas y de las otras. Haciendo actos de presencia en concentraciones, fuera de los lugares de entrenamientos, en la Boutique cuando salían los autos. La masa soñando con la vuelta a la cancha, pagando el carnet. Aunque hubiera que vender algo, si no había para pagar.
Hubo, hay y habrá de esos hombres y mujeres. Para quienes Talleres es su vida o una parte. Estaban seguro entre esos 28 mil y chirolas que fueron a la cancha, que se convirtieron en privilegiados/das. Porque representaron a esos cientos de miles que hubieran dado todo para estar ahí en un estadio Kempes, limitado a la mitad de su capacidad por los protocolos sanitarios del Covid-19.   

La espera se hizo eterna. Fueron 582 días sin ver al equipo. El Talleres de Medina se fue el 8 de marzo de 2020 con un 2-0 ante Colón en la fecha final de la última Superliga y volvió un 11 de octubre de 2021 con un… Encima, el crecimiento inédito del equipo, puntero 17 años después de aquel equipo de Juan José López y se mantuvo por seis semanas, hasta el traspié con Defensa, había sido apreciado virtualmente. Igual que el acceso a las semifinales de Copa Argentina, algo único como en la Liga Profesional.   
Pero ya no más. El de ayer, al fin, fue un día Talleres. El día de la vuelta del hincha. Un partido envuelto por una previa tan larga como el post partido. Un rito que dura lo que dura. Es lo que no se ve. La experiencia que se parece, pero jamás será igual a otro. 

Fue el día del regreso a la cancha, pero también fue cómo y con quién viniste; si fuiste cantando, bailando o simplemente mirando…Feliz o ahogando la pena. Buscando esa relación con Talleres y nada más. Siendo de todos/as y de nadie. 

Fue dirigirte al lugar que ocupaste siempre en el Kempes, fuiste la pilcha que llevaste, ponerte el barbijo albiazul, alcohol en las manos y cantar hasta no tener voz. Fue ver a Auzqui, Valoyes, Fértoli y gritar el goolll….Fue descubrir si eran tan buenos como se veía desde el celu o como decían en la radio y los diarios. Decirle gracias al “Cacique” Medina y buscarlo al presidente Andrés Fassi para pedirle que siga.
Fue soñar con el título y pegar el grito desde el interior. Fue estar vivo o viva, mirar al cielo, pensar en los cariños y extrañar a los que se fueron. Cómo no ibas a largar una lágrima y no te ibas a abrazar con quien tuvieras al alcance.  Por quienes se fueron ahora, como por quienes se habían ido antes. Son los que te faltan. Los que te pasaron la pasión. Y son quienes llegaron en esta pandemia para que la posta se vaya pasando. 
Tu partido fue a pura emoción hasta que llegó el turno de irse. Porque ir a la cancha es como te fuiste. Fue lento o rápido; en auto, bondi o a pata. Picando el chori que no pudiste porque llegaste sobre la hora o  repitiendo. 
Fue la masa redescubriendo, que es cierto eso de que la vida se parece al fútbol. Fue volver a ver a Talleres.

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