Solución al misterio de medio siglo con un árbol del Amazonas

Sociedad 08 de octubre de 2021
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Científicos han averiguado a qué familia pertenece un extraño árbol amazónico de diminutos frutos anaranjados y la ha declarado nueva especie, solventando un misterio de medio siglo.

En 1973, un científico se topó con un extraño árbol en la selva amazónica, diferente a todo lo que había visto. Medía unos 6 metros de altura y tenía pequeños frutos anaranjados con forma de linterna de papel. Recogió muestras de las hojas y los frutos de la planta, pero todos los científicos a los que se las enseñó acabaron rascándose la cabeza: no sólo no pudieron identificar la planta como una especie que hubiera sido descrita previamente por los científicos, sino que ni siquiera pudieron declararla como una nueva especie, porque no podían decir a qué familia pertenecía.

Pero para el nuevo estudio los científicos analizaron el ADN de la planta y determinaron su lugar en el árbol genealógico de los árboles, dándole finalmente un nombre que significa ‘Misterio de Manu’, por el parque de Perú del que procede.

“Cuando vi por primera vez este arbolito, mientras recorría un sendero forestal que salía de la estación de campo, lo que me llamó la atención fue su fruto, que parece un farolillo chino de color naranja y que es jugoso cuando está maduro, con varias semillas --recuerda Robin Foster, el científico que recogió originalmente la planta misteriosa en el Parque Nacional del Manu de Perú, conservador jubilado del Museo Field de Chicago y ahora investigador del Instituto Smithsoniano de Investigaciones Tropicales--. No creí que fuera especial, salvo por el hecho de que tenía características de plantas de varias familias diferentes y no se ajustaba a ninguna. Normalmente puedo distinguir la familia con un rápido vistazo, pero maldita sea si pude situar ésta”.

Foster no era el único que no podía entenderlo. Nancy Hensold, botánica del Museo Field, recuerda que le mostró un espécimen seco de la planta hace más de 30 años. “Llegué a trabajar al Museo Field en 1990 y Robin me mostró esta planta. Y traté de identificarla utilizando pequeños caracteres técnicos finos como hervir los ovarios de las flores y tomar fotos del polen, y después de todo eso, seguíamos sin saberlo --rememora--. Me fastidió mucho”.

La planta misteriosa permaneció en el herbario del Museo Field, una biblioteca de especímenes de plantas secas, durante años, pero Hensold y sus colegas no se olvidaron de ella. “Cuando tienes una planta que nadie puede incluir en una familia, puede caer en las grietas científicas. Lo sentí por ella”, admite. El equipo acabó consiguiendo una subvención para estudiar la planta, financiada por la Junta de Mujeres del Museo Field, y la búsqueda comenzó.

Según publica en la revista ‘Taxon’, citada por Eureka Alert, el equipo trató de analizar el ADN de la planta utilizando los especímenes secos, pero cuando no funcionó esta vía solicitaron la ayuda de Patricia Álvarez-Loayza, una científica que trabaja en el Parque Nacional del Manu y que ha pasado años vigilando el bosque allí, para encontrar un espécimen fresco de la planta. Lo hizo, y cuando los investigadores del Field lo analizaron en el Laboratorio de ADN Pritzker del museo, se quedaron sorprendidos por lo que encontraron.

“Cuando mi colega Rick Ree lo secuenció y me dijo a qué familia pertenecía, le dije que la muestra debía estar contaminada. No podía creerlo”, recuerda Hensold.

El análisis de ADN reveló que los parientes más cercanos de la planta misteriosa pertenecían a la familia de las Picramniaceae, lo que supuso un gran problema para los botánicos porque no se parecía en nada a sus parientes más cercanos, al menos a primera vista. “Al observar más de cerca la estructura de las pequeñas flores, me di cuenta de que realmente tiene algunas similitudes, pero dados sus caracteres generales, nadie la habría puesto en esa familia”, dice Hensold.

Los investigadores enviaron los ejemplares a Wayt Thomas, conservador emérito del Jardín Botánico de Nueva York y experto en Picramniaceae. “Cuando abrí el paquete y miré los especímenes, mi primera reacción fue: ‘¿Qué demonios? Estas plantas no se parecían a ninguna otra de la familia --reconoce Thomas, autor principal del artículo--. Así que decidí mirar con más cuidado; una vez que observé con atención las diminutas flores de 2 a 3 milímetros de largo, las cosas encajaron”.

Cuando el ADN reveló finalmente a qué familia pertenecía la planta, los investigadores pudieron darle un nombre científico formal, ‘Aenigmanu alvareziae’. El nombre del género, Aenigmanu, significa “misterio de Manu”, mientras que el nombre de la especie es en honor a Patricia Álvarez-Loayza, que recogió los primeros especímenes utilizados para el análisis genético.

Los investigadores afirman que conseguir por fin una clasificación científica de la ‘Aenigmanu alvareziae’ podría ayudar en última instancia a proteger la selva amazónica frente a la deforestación y el cambio climático.

“Las plantas están poco estudiadas en general, especialmente las plantas de los bosques tropicales, especialmente las plantas del Amazonas, y especialmente las plantas del alto Amazonas. Para entender los cambios que se están produciendo en los trópicos, para proteger lo que queda y para restaurar zonas que han sido arrasadas, las plantas son la base de todo lo que vive allí y lo más importante para estudiar --apunta Foster--. Darles nombres únicos es la mejor manera de organizar la información sobre ellas y llamar la atención. Una sola especie rara puede no ser importante por sí misma para un ecosistema, pero en conjunto nos dicen lo que está pasando ahí fuera”.

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