Por la crisis, la leña de los árboles de las ciudades venezolanas se usan para cocinar

América Beat 22 de septiembre de 2021
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En Maracay, es fácil comprar leña. También obtenerla por uno mismo. La llamada “Ciudad Jardín” de Venezuela, que se ubica a unos 120 kilómetros de Caracas y se levanta a los pies del megadiverso Parque Nacional Henri Pittier, en el norte-costero del país, está llena de árboles: copas frondosas pueblan sus avenidas, urbanizaciones y parques; su céntrica Plaza Bolívar es un jardín.  

Sin embargo, durante los últimos tres años, esta extensa vegetación urbana ha cumplido una nueva función: suplir las necesidades de combustible de los ciudadanos ante la agudizada escasez de gas doméstico y las fallas eléctricas. Algunos, incluso, han hecho expendios informales ante la creciente demanda.

Cada paquete de leña se cotiza en entre uno y tres dólares. Y la venta no se hace a escondidas, a pesar de violar varias normativas nacionales y municipales.  

Uno de los puestos está a pocos metros de la entrada del Parque Metropolitano, donde se aloja un parque acuático tras una concesión entregada sin mucha claridad a empresarios privados. Otro se ubica en la Avenida 19 de Abril, cerca del estatal Museo Aeronáutico, la Casa de la Cultura y un bazar municipal. Todo a plena luz del día en la vía pública. 

Deforestación urbana
¿Cómo se obtiene la leña? “He visto dos prácticas recurrentes”, afirma Enrique García, ambientalista al frente de la iniciativa ciudadana Sembramos Todos, quien ha documentado la deforestación urbana en Maracay. 

La primera es aprovechar las talas realizadas por la Alcaldía para llevarse ramas y desechos, y hacer con ello paquetes de leña. La segunda es más perversa con el ambiente: colocar basura en la base del árbol, quemarla y a los pocos días derribarlo fácilmente sin usar hachas ni similares. “Se secan las raíces y basta un empujón”, detalla el especialista.

Una práctica menos común, pero igualmente nociva, es el “anillado”. García lo describe como un collar metálico que colocan alrededor del tronco para cortar el fluido de la savia, matando al árbol en pocos días.  

El valor de la leña es considerablemente alto para el salario mínimo oficial que equivale a menos de un dólar mensual, así como para el estimado de USD 20 a 50 mensuales de ingreso informal por familia. Sin embargo, para muchos, es una opción preferible a la de esperar meses por un cilindro de gas o aceptar el precio de hasta USD 30 que estipulan algunos servicios privados de facto —el oficial, altamente subsidiado, es menor a un dólar.

Los científicos pudieron inferir que la leña constituye el principal sustituto al gas doméstico y las cocinas eléctricas. En el 91% de los municipios analizados, se la incorporó como combustible. La espera por un cilindro de gas doméstico puede ser de días, semanas o más. Incluso, se han reportado escasez por encima de los seis meses.

En siete municipios, de acuerdo a los testimonios, la leña es la principal opción ante esta carencia. Un ejemplo es Bolívar de Trujillo, donde el 80% de la población cocina con este recurso. 

“Pensamos que sería similar a la problemática del agua, que inició con reportes de algunas comunidades hasta llegar a la actual situación de escasez nacional. Pero, nuevos reportes después de publicar nos mostraron que nos quedamos cortos. El consumo de leña está aumentando demasiado rápido”, expone Alejandro Luy, gerente General de la ONG Tierra Viva y parte del grupo de investigadores. 

Entre abril y mayo de 2020, el 93,2% de los hogares recibía servicio de gas doméstico, de acuerdo a un estudio realizado en 10 ciudades por el Observatorio Venezolano de Servicios Públicos (OVSP), un ente no estatal. Cuando este falla, la leña es el segundo recurso más utilizado para cocinar (33,2%), después de los aparatos eléctricos. En Barinas (52,2%), Ciudad Bolívar (48,3%) y Porlamar (44,9%), la leña es el sustituto principal.

En un sondeo realizado más tarde ese mismo año, en octubre y noviembre, el servicio de gas había empeorado para el 80% de los consultados. Si bien no se brindaron datos sobre consumo de leña, sí se detalló que el número de hogares con servicio de gas había caído a 87,6% tras agregarse dos ciudades más. 

La escasez de gas doméstico se registra desde al menos 2017. La falta de producción está relacionada con el colapso progresivo de la industria petrolera. Para noviembre de 2020, la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) apenas bombeaba 350.000 barriles al día —principalmente, gracias a las empresas mixtas que conformó con varias firmas de los Estados Unidos, Europa, China y Rusia—, muy lejos de los 3,2 millones de barriles de 2008, que permitieron al entonces presidente Hugo Chávez una inmensa bonanza.

Desde 2014, la caída del precio del petróleo expuso las consecuencias de la desprofesionalización y el abandono de la industria. A partir de ese año, el primero de la administración Maduro, se redujeron progresivamente las actividades de exploración, extracción y refinación, llevando a la actual escasez de gas doméstico y gasolina. Esto ha producido, al mismo tiempo, un aumento en los apagones por escasez de combustibles para las decenas de termoeléctricas instaladas en distintas regiones del país.

La estatización del gas fue el inicio de la crisis de este combustible. En 2007, Chávez anunció la creación de PDVSA Gas Comunal, que nacionalizó y centralizó en una sola empresa a la mayoría de las distribuidoras privadas, casi todas pequeñas o medianas. Años de burocracia y pérdidas económicas se fueron acumulando.

De acuerdo a sindicalistas y otras fuentes de la industria, sólo hay un 20% de los cilindros de gas doméstico que se necesitan. Y estos no sólo están mayoritariamente en mal estado, sino que no cumplen estándares de calidad ni de seguridad. También se han dejado de fabricar.

Ahora, hay fallas en la extracción, procesamiento, producción, transporte y llenado del combustible, según La guerra del gas de Crónica Uno. La infraestructura necesaria está casi totalmente paralizada, a pesar de tener más de 5000 millones de metros cúbicos de reservas probadas.

Tanto gas desperdiciado 
Irónicamente, en Venezuela también se registra un excedente de gas asociado a la extracción petrolera, que, en lugar de ser aprovechado, termina siendo quemado en “mechurrios”, unas altas torres de combustión similares a chimeneas. Es un proceso llamado “gas flaring” que contribuye de forma importante al cambio climático, puesto que el gas natural contiene metano, cuyo potencial de calentamiento global es 86 veces mayor al dióxido de carbono (CO2) en sus primeros 20 años en la atmósfera.

Tanto gas es desperdiciado en Venezuela de esta forma que, en una instalación petrolera ubicada en el pueblo Punta de Mata, en el oriente del país, está el mayor foco de gas flaring del mundo.

Esto no es sólo una curiosidad. El portal especializado Global Gas Flaring Reduction Partnership (GGFR) revela que, en 2019, se quemaron 9,5 millones de metros cúbicos de gas natural en Venezuela, lo que lo convierte en el quinto del mundo detrás de Rusia, Iraq, los Estados Unidos e Irán, que poseen producciones petroleras muchísimo mayores.

Las estadísticas también ubican al país en el tercer puesto del globo, sólo superado por Ecuador y Camerún, en “intensidad de quemado”, que mide el gas desperdiciado en comparación con la producción petrolera. 

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