Que se rompa pero no se doble: la teoría del empate

El País 17 de septiembre de 2021
Cristina marcó la cancha y el Alberto decide. Sin tiempo y sin diálogo, deben construir un equilibrio que no dañe más a Alberto y no signifique una derrota de Cristina.
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Cristina Kirchner enfureció, en particular, con una lectura que tuvo la renuncia de Eduardo "Wado" De Pedro. Fue la que tradujo ese movimiento como una maniobra para vaciar el gobierno de Alberto Fernández, un tufillo desestabilizador, cuasi golpista. La vice interpretó que ese abordaje lo esparcieron voceros del gobierno y lo anotó entre las "operaciones" que en su carta pública atribuyó al entorno presidencial, en particular al vocero Juan Pablo Biondi. 

La reacción de los cristinistas aportó un extra de tensión política en medio de una pulseada, todavía no resuelta, sobre el reordenamiento del gabinete que Fernández sigue sin resolver. En el gobierno, con la carta todavía caliente, hacían una interpretación: que la vice siempre hizo observaciones y que, aun en medio de objeciones abiertas, le cedió al presidente el diseño y manejo del relanzamiento del gobierno. 

Lo que está en proceso, y ese parte es a cielo abierto, es la redacción del nuevo contrato de convivencia. Alberto va a manejar con sus tiempos y su perfil el relanzamiento del gobierno..

"Cristina dice que está segura que con la fortaleza con la que Alberto enfrentó la pandemia va a relanzar la gestión, y deja en sus manos la reformulación del gobierno", es la interpretación que hacen en la cercanía del presidente en un esfuerzo, nada menor, de encontrar señales positivas en las parrafadas ásperas de la vice.

Se espera, como señal de distensión, que en estas horas se retome el diálogo entre el presidente y su vice, cuyo último contacto directo fue el martes por la noche, una cena en Olivos que había trascendido de manera oficiosa pero que Cristina confirmó en su carta.

La duda que sigue abierta, y no pueden despejar en el albertismo ni aclaran en el cristinismo, es porqué si la cena entre ambos fue en buenos términos y con puntos de acuerdo sobre nombres y políticas, catorce horas después ocurrió la renuncia de De Pedro de manera intempestiva y sin que Fernández supiera que eso iba a ocurrir. Esa intriga es, en estas horas, un elemento central porque el Frente de Todos entró en una batalla en carne viva donde las diferencias se hablan por los medios, cartas abiertas o notas periodísticas, en una escalada ascendente. 

Hay, sobre el doble terremoto que fueron la derrota electoral y las renuncias en cadena de los funcionarios K, varias pistas. Una es que "Wado" De Pedro no seguirá formando parte del gobierno porque el vínculo que lo unía a Fernández se rompió. El otro es que el presidente, con correcta o no interpretación, cree que Cristina le delegó el manejo de la post crisis y que los cambios de nombres y de políticas, estarán exclusivamente bajo su órbita. El tercer elemento, con esas incertidumbres, es más conceptual. Fernández advierte que no puede dejar jirones de autoridades tras esta pelea interna y Cristina, luego de mover sus piezas y exponer como nunca sus diferencias, busca un lugar que justifique, más allá de la supevivencia del corto plazo, un proyecto de gobierno y de poder.

Sin tiempo, casi sin diálogo, los ganadores del 2019, deben tratar de construir lo más difícil, una ingeniería del empate, un equilibrio que no dañe más a Alberto y no signifique una derrota de Cristina.

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