Cristina, la carta y un bidón de agua o de nafta

El País 17 de septiembre de 2021
Alberto sabe que tiene que cambiar. Pero el golpe de Cristina lo obliga a hacerlo ahora. Nadie tiene claro hacia dónde lo hará.
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Empezábamos a reirnos compartiendo el meme del perrito que toma café y dice “está todo bien” mientras todo se prende fuego alrededor. Pero entonces llegó el posteo de la carta de Cristina en su blog.

Allí da su versión de los hechos: cuenta que advirtió a Alberto de la derrota electoral que se venía y que estuvo pendiente 48 hs de un llamado que nunca llegó para repensar la estrategia a futuro. Desmiente haber pedido la renuncia de Guzmán pero confirma la demanda de relanzar el gobierno.
Menciona incluso su propuesta de ofrecer la Jefatura de Gabinete al gobernador tucumano Juan Manzur y acusa al vocero presidencial de armar operaciones en su contra. Tranca.

Alberto no niega que tiene que cambiar. Pero dilata las decisiones tanto que el impacto de la crisis se magnifica y se vuelve en contra de su propios intereses.

Ya había dejado entrever que analizaba avanzar con modificaciones en su esquema de gobierno. Sin embargo, y una vez más, la diferencia principal parece estar en el timing de la gestión. El kirchnerismo es hijo de las decisiones fulminantes que marcaron el inicio de la gestión del primer Kirchner. Fernández parece siempre buscando un momento que nunca llega y termina ventilando muchas determinaciones importantes en los medios, casi como sin darse cuenta. Sucedió con la salida de Marcela Losardo y Agustín Rossi, por ejemplo. Identificado por la oposición como un títere -el término que él mismo utilizó en público- de la vicepresidenta, Fernández resiste los cambios que le reclaman, intenta preservar la autoridad presidencial y pretende encontrar un modo de gobierno propio, que, sin embargo, no termina de madurar. 

Distinto es el mensaje del albertismo, esa parte de la alianza oficialista que parece diluida en el día a día del gobierno y está integrada por los gobernadores, los sindicalistas de la CGT y las organizaciones sociales alineadas con Alberto como el Movimiento Evita: ellos insisten en que el Presidente tiene que empoderarse y no dejarse atropellar. 

Los dirigentes más cercanos a la vicepresidenta insisten en que la derrota del las PASO marca un antes y un después, contundente, imposible de ignorar y siente que se inicia una cuenta regresiva urgente, en la que no hay término medio: o se inicia una remontada que le permite al Frente de Todos recortar la diferencia en noviembre con fuerza o comienza el principio del fin de la unidad en el poder de las distintas tribus del peronismo. Fernández sabe que tiene que cambiar. Pero el golpe de Cristina sobre la mesa lo obliga a hacerlo ahora. Nadie tiene claro hacia dónde lo hará. 

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