Golpe político de Cristina

El País 15 de septiembre de 2021
La renuncia de los ministros cristinistas como un ultimátum al Presidente.
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Tras la dura derrota electoral en la PASO del último domingo y en medio de una crisis interna del Frente de Todos, el ministro del Interior, Wado de Pedro, dio el primer paso en el pedido de renovación que pide un sector del espacio oficialista y puso a disposición del presidente Alberto Fernández su renuncia. Al rato, se conoció que se sumaron otros funcionarios cercanos a la vicepresidenta Cristina Kirchner: el ministro de Justicia, Martín Soria; la titular de Anses, Fernanda Raverta; Roberto Salvarezza, ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación; el ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Juan Cabandié; Jorge Ferraresi, ministro de Desarrollo Territorial y Hábitat; Paula Español, secretaria de Comercio Interior; Luana Volnovich, Directora Ejecutiva del PAMI; Victoria Donda, interventora del INADI y Tristán Bauer, ministro de Cultura.

Se trata de un golpe político contra Alberto, que apenas unos minutos antes se había mostrado con Guzmán durante la presentación de la nueva ley de hidrocarburos. Desde el lunes el presidente se ha encargado de mostrar respaldo a los funcionarios apuntados: Cafiero, Guzmán y Matías Kulfas. 

La presión del kirchnerismo empezó con declaraciones mediáticas de dirigentes de segunda línea, pero rápidamente pasó a la primera línea con los dichos de Andrés "Cuervo" Larroque, uno de los líderes de La Cámpora.

Con las horas ese tono quizá se suavice, pero en el lenguaje brutal de la política la renuncia de De Pedro, que rápidamente imitaron Luana Volnovich y Fernanda Raverta, a cargo del PAMI y de ANSeS, la ola de notas tuvo el cuerpo de un ultimátum. Implica muchas cosas: no solo que el dispositivo K, con Cristina al frente y Máximo Kirchner como ordenador, disiente con la mansedumbre con que el presidente reaccionó frente a la derrota. 

Un registro histórico: nueve días después de la derrota del 28 de junio 2009, una paliza igual o peor a la del domingo, Cristina echó a su jefe de Gabinete, Sergio Massa, y a su ministro de Economía, Carlos Fernández, lugares que ocuparon Aníbal Fernández y Amado Boudou. Antes se había ido Graciela Ocaña, que era ministra de Salud, y el cambio de despacho de Aníbal F, derivó en el ingreso de Julio Alak en Justicia.

Apenas trascendió la renuncia de Wado, junto a la de Raverta, Volnovich, Martín Soria (Justicia) y Roberto Salvarezza (Ciencia y Tecnología), en el gobierno empezó el dispositivo para tratar de amortiguar esos golpes. Jorge Ferraresi, de Hábitat, contó que el lunes en una reunió con Fernández y el jefe de Gabinete, puso a disposición "de palabra" su cargo pero que no lo hizo por escrito.

El mismo día, al mediodía, Cafiero, Gabriel Katopodis y Juan Zabaleta almorzaron con el presidente en Casa Rosada. En esa reunión, de análisis y balance de daños, le ofrecieron sus cargos. Lo mismo ocurrió con otros ministros. Con las horas, en una insólita polarización, aparecieron listas de los que habían renunciado y de los que no.

La coreografía de las renuncias visibilizó, además, las identidades de cada ministro. En el scrum K, entró Soria que en teoría había llegado por pedido de Alberto.

Implica, en los hechos, que fracasó la instancia de la conversación privada. Lo que Cristina, en persona o a través de De Pedro le propuso, sugirió o pidió a Fernández, no fue escuchado. Frente a eso, lo que no se pudo administrar cara a cara saltó a la órbita pública donde todas las acciones pueden ser más tóxicas.


  

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