Ser Messi

Fútbol Argentino 10 de septiembre de 2021 Por Hugo Garcia
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Más vale que fue así. La imagen era más que mil palabras. Messi la creó, la desarrolló y la terminó. Su fútbol hizo todo posible. El que le dio a la selección. Eso es amar en serio. Cuando algunos fingían lesiones para no venir a las convocatorias o se quejaban de los aviones y aseguraban que la selección "quitaba prestigio", el crack venía siempre. A todos los partidos. Por los puntos o amistosos. Brasil o Alemania igual que Corea del Sur y Honduras. No le sumaba nada, pero fueron épocas en las que si Leo no jugaba, no pasaba nada con la selección y con en la cancha eran de 500  mil a un millón de dólares más para el cachet de la selección. ¿Cuántos años se reputeo con el Barcelona que no quería que se viniera para jugar en la selección? Acá fue recibido siempre con la comparación con Diego y si no podía desequilibrar entre tres o cuatro jugadores a cuarenta metros del arco, no servía para nada. Debía ser la suma de sus talentos, el de Maradona, Kempes y demás los de quienes no estaban a la altura

Hasta los compañeros - algunos sus amigos- estaban cómodos con ese papel. El de un gigantesco paraguas para todo tipo de críticas. Desde las fundadas hasta las más inverosímiles. Le hicimos creer que tenía la culpa de las tres finales pérdidas y de la sequía de títulos de mayores. Un día vi como Jorge Messi se calentó con algunos hinchas y voló alguna mano porque estaban putenado a Leo en la platea baja de Colón en Copa América 2011. 
"Quizás sea yo", dijo cuando renunció. Menos mal que volvió. Messi siguió viniendo igual, pero finalmente todo cambió. Scaloni le hizo entender que no debía ser un superhéroe y que los verdaderos amigos adentro de la cancha no serían quizás los más talentosos sino  simplemente le devolvieran un pase. Una redonda. No más Messi a 40 metros del arco sino cerca. 
Y siguió viniendo, porque ya disfrutaba del juego y no de las obligaciones de hacer todo. Y ese ejemplo cambió la idiosincrasia de muchos jugadores. Ya nunca nadie le dio la espalda a la selección. Lo Celso, Romero, Buendia y Martinez se arriesgaron a quedar presos para jugar con Brasil, cuando lo más fácil hubiera sido quedarse en Europa. 
Eso hizo Messi. Que la gente volviera a identificarse con la selección y no solamente con él. Le selección volvió a ser de la gente. Eso produjo. Su familia volvió a River para poder verlo. 
Fuera de la cancha, también templó su ánimo y tomó decisiones. Cuando vio que había un movimiento para voltearlo a Tapia y cambiar a Scaloni, Messi los defendió. "Usted es nuestro único presidente", habria sido la linea que bajó. En la cancha y afuera. En la gesta misma de la Copa América hizo que el premio, al menos el suyo, fuera para todos los empleados del predio de Ezeiza que estuvieron en la preparación. No se quedó con nada. También evitó que se politizara la conquista. No hubo festejo Casa Rosada ni la imagen de Alberto en Ezeiza, el predio de AFA, tras vencer a Brasil en la final.
La fiesta fue con la gente. Rechazó ser el dueño porque todos sus compañeros y el DT necesitaban sentirse queridos como Messi. Al menos, una vez. Esa selección es la que le devolvió a la gente. Ser Messi también es eso.

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