El Frente de Todos y Juntos apuestan al contraste para conseguir el voto

El País 09 de septiembre de 2021
Quizás lo más importante el lunes sea interpretar el resultado de las PASO. Pero ¿cómo se puede leer el resultado? Alberto Fernández arriesga más porque la única fuente de legitimidad que le queda es ser el garante de la unidad que consigue triunfos electorales.
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“Hay dos modelos de país, uno que piensa en ustedes y otro que piensa solo en ellos. Voten por ustedes", pidió el presidente Alberto Fernández en el acto de cierre de campaña bonaerense del Frente de Todos desde Mar del Plata. “Es hora de decirle basta al kirchnerismo y frenarlo”, aseguró el jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodriguez Larreta, en el cierre porteño hecho en la Sociedad Rural.

Ninguno de los dos oradores compiten en las PASO, pero ambos personifican el enfrentamiento del próximo domingo. Hoy se darán los últimos actos de ambas fuerzas. Larreta apuntalará a su candidato Diego Santilli en La Plata y la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner dará el impulso final al oficialismo desde Tecnópolis.

Quizás lo más importante el lunes sea interpretar el resultado de las PASO: ganar por "un voto", sumar bancas o demostrar apoyos. Pero ¿cómo se puede leer el resultado? ¿Qué datos determinan, en la traducción del escrutinio, quién gana y quién pierde? ¿Cómo se deben metabolizar los números de la noche del domingo? ¿Por porcentajes, el mapa nacional, con epicentro en provincia de Buenos Aires?

Ganar por un voto en la provincia de Buenos Aires, después de 16 años sin ganar una elección intermedia, es un buen resultado. Si al peronismo, desde el 2009 en adelante, le dan por perdida la elección porque pierde en provincia, ganando este domingo, el resultado es bueno", dicen en Casa Rosada donde miran sondeos que estiman una triunfo de entre 4 y 7 puntos. 

La secuencia histórica es un dato que el Frente de Todos (FdT) pone sobre la mesa y remite a las elecciones perdidas en PBA en 2009, 2013 y 2017, algunas en el gobierno, otra en la oposición, algunas con el PJ unido, otras atomizado. En la estimación oficial, ponen en la cuenta un buen resultado en CABA y ven difícil que se pueda desandar la tendencia del 2019 cuando el FdT perdió en la zona núcleo. Mendoza, Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos, aunque en las dos últimas ven más chances, aparecen en el bloque de las provincias amarillas.

La interpretación es casi más importante que el resultado. Una variable clave es si queda la sensación de acompañamiento o no de la sociedad al Gobierno. Fue lo que ocurrió con Juntos en el 2017. ¿Por qué importa? Porque ese clima es el que le puede permitir al oficialismo aumentar el caudal electoral hacia la general.

En la matemática específica, un buen resultado del Frente de Todos tiene, como requisito necesario, ganar en la provincia de Buenos Aires. A partir de eso, los otros criterios son que pueda mantener el quórum en el Senado, aunque pierda algunas bancas, y que sostenga su número en Diputados.

Respecto a Juntos queda bien parado si su derrota en PBA tiene una diferencia de 4/5 puntos, no pierde muchos diputados y si en el número final acorta los 8 puntos que el FdT le sacó en la general del 2019.

En Casa Rosada apuntan a la victoria bonaerense. No ponen como condición adicional ganar a nivel nacional pero interpretan que con una victoria con cierto margen en PBA, la ecuación nacional será favorable. Hay, ahí, otra lectura: que el Gobierno tiene, post PASO; mayores herramientas que la oposición para generar efectos.

¿Cuánto impactan las diferencias? En 2019, los casi 17 puntos que Alberto Fernández le sacó a Mauricio Macri en la general tuvieron un efecto lapidario. El expresidente llegó a decir que su gestión terminó ese día, aunque siguió tomando medidas y se lanzó a la campaña del "Sí se puede" que le permitió romper la frontera de los 40 puntos. 

El Gobierno no podría ocultar el dato negativo si pierde en la provincia de Buenos Aires. Y aun ganando, la diferencia será importante respecto a si deja abierta la posibilidad o no de que el resultado se revierta en la general de noviembre

Con la incertidumbre respecto a la concurrencia y el volumen del voto en blanco, todos, incluso los que pierden, querrán decir que fue una buena elección. 

Hay una excepción. El Gobierno es el único que no podría ocultar el dato negativo si pierde en la provincia de Buenos Aires que es su principal territorio. Y aun ganando, la diferencia será importante respecto a si deja abierta la posibilidad o no de que el resultado se revierta en la general de noviembre.

La composición del Congreso difícilmente cambie demasiado y, por otro, las elecciones de medio término no suelen ser buenas predictoras de la presidencial siguiente, que sí será clave. Hay un evento mucho más importante para el destino económico del país que es el acuerdo con el Fondo que, por una ley sancionada por el propio Gobierno, debe ser aprobada por el Congreso y, por ende, será negociada con todo el espectro político. Justamente por eso, y por las características del acuerdo será lo que moldee la macroeconomía. Es uno de los temas centrales a resolver, que se espera que tome forma luego de las elecciones generales de noviembre, sobre todo de cara a la alta carga de vencimientos previstos para 2022.

El "por un voto"; arriba o abajo, deja abierto el resultado para la general de noviembre, a su vez, pone sobre la mesa otros elementos que aparecen en los análisis: qué ocurrirá con la asistencia a votar y si crecerá, como se estima, el voto en blanco. Incluso si habrá o no voto útil, o voto estratégico en desmedro de las terceras fuerzas.

Si el peronismo unido no garantiza los triunfos, posiblemente deba rediscutir los términos de la sociedad electoral. Hay quienes creen que si el oficialismo pierde, el Gobierno se va a radicalizar y Cristina va a tomar el control. Pero quizás se de lo contrario: si el Gobierno pierde va a tener que definir roles y protagonismos, y buscar recomponer el incentivo para que la coalición siga viva para el 2023.

Alberto Fernández es el que más arriesga porque quizá la única fuente de legitimidad que le queda es ser el garante de la unidad que consigue triunfos electorales.

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