Sin trabajo

Sociedad 06 de septiembre de 2021
En la Argentina la desocupación afecta al 10% de la población total. Pero entre los varones jóvenes, de hasta 29 años, alcanza al 17% y llega hasta el 25% entre las mujeres de la misma franja de edad.
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Al mismo tiempo que muchos jóvenes buscan trabajo y no consiguen, hay empresas que buscan jóvenes empleados y tampoco los encuentran. Desde Toyota, que en pandemia contrató a 500 recién egresados de la secundaria para su fábrica en Zárate, pero enfrentó dificultades para sumar otros 300 en esa condición, hasta las empresas del sector informático, que deben invertir en capacitaciones para que los salidos de la escuela media aprendan conocimientos básicos de programación.

En las encuestas preelectorales, los jóvenes manifiestan que sus principales preocupaciones son la inflación (35%) y el desempleo (29%), según un sondeo de Proyección en la provincia de Buenos Aires. No por nada, el Gobierno se apuró en las últimas semanas en lanzar diversas medidas para facilitar la contratación de jóvenes. Por un lado, el plan Te Sumo, que subvenciona a las empresas por seis meses en el entrenamiento laboral y por un año en la formalización como empleado. Ya se inscribieron 485 compañías y 14.294 trabajadores de 18 a 24 años.

Levy Yeyati, quien fue un fugaz asesor ad honorem en cuestiones de largo plazo del gobierno anterior, opina que en lo inmediato las vacantes en las empresas sólo se pueden cubrir con “inmigración”. La solución de fondo, según el directivo de la Di Tella, consiste en “pensar la educación para el trabajo”. “La educación en general en la Argentina le da la espalda al trabajo.Se piensa que formar para el trabajo es hacer de la escuela una fábrica de trabajadores, cuando en realidad hoy estás haciendo una fábrica de excluidos del mercado laboral. Hay que empezar a introducir contenidos que estén asociados al trabajo e incluso prácticas en empresas. Por otro lado, cuesta mucho crear un puesto formal porque las regulaciones son muy estrictas, porque hay muchísima litigiosidad, básicamente dinero para los abogados y gasto para el trabajador y la empresa. Hay una necesidad de introducir un régimen de emergencia laboral para hacer más fácil al menos el ingreso del recién ingresado al mercado y de muchos de los desplazados por la pandemia”, completa Levy Yeyati.

Desde una mirada bien distinta, Luis Campos, director del Observatorio del Derecho Social de la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA) Autónoma, opina sobre la solución a la falta de trabajo entre los jóvenes: “Desde nuestra perspectiva, hay un riesgo en la idea de focalizar el problema en la necesidad de crear empleo juvenil. El problema del mercado de fuerza de trabajo es que no crea empleo en términos generales, no sólo para los jóvenes. Desde 2016 que lo único que crece es el cuentapropismo y el trabajo no registrado, por lo que no es un problema que tenga que ver con una característica de los trabajadores, como su edad, inexperiencia, falta de formación, sino de la actividad económica que no demanda más trabajo. Ahora bien, lo que sucede es que los trabajadores de mayor edad tuvieron más oportunidades de encontrar un puesto de trabajo formal y, una vez que acceden a él, lo cuidan, se quedan ahí. Para los empresarios tampoco tiene sentido reemplazarlos por otros más jóvenes. En cambio, para quienes recién se incorporan al mercado de fuerza de trabajo los únicos puestos disponibles son los más precarios, con mayores niveles de rotación, y que además son insuficientes. Difícilmente una política focalizada en las características de los jóvenes, como programas de formación o reducción de aportes, vayan a tener efectos agregados significativos, si antes no hay impulsos claros que apunten a un crecimiento de la actividad económica y que, por ende, incentiven a las empresas a contratar nuevos trabajadores. Eso no quiere decir que en algunos sectores o casos puedas tener iniciativas que a nivel micro tengan algún efecto, como lo relacionado a nuevas tecnologías, por ejemplo, pero en términos agregados no vas a modificar sustancialmente la situación”. 

Mientras que las soluciones de un desempleo estructural se demoran, a las ollas populares van jóvenes que no consiguen trabajo. Hernán Delgado, colaborador de la olla que organiza el Movimiento Popular La Dignidad en una plaza del barrio de San Cristóbal, da cuenta de eso: "Hay gente de todas las edades que vienen a buscar comida, incluidos jóvenes, algunos en situación de calle”.
Un problema de fondo sin soluciones a la vista.

 

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