Bolsonaro: un escándalo anunciado

El País 06 de septiembre de 2021
Antes Piñera, ayer Bolsonaro. La falta de respuestas ante la crisis sacude a la región y agrega incertidumbre.
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Ayer a Jair Bolsonaro le alcanzó con la intervención de un hombre en jeans con unas hojas dobladas en el bolsillo trasero para lograr la suspensión de un partido entre las selecciones masculinas de fútbol de Argentina y Brasil. La semana pasada un decreto inesperado de Sebastián Piñera fue suficiente para reabrir un conflicto limítrofe que casi lleva a una guerra en el pasado.

En ambos casos los presidentes de los países vecinos lograron cambiar la agenda informativa en busca de oxígeno y adhesiones para transitar las crisis que amenazan a sus espacios políticos. 

Por eso no nos debe llama la atención que la campaña argentina, a falta de seis días para las PASO, se centre en cuánto garchan los peronistas o dónde compraba garrapiñada una precandidata cuando era chica? La pregunta no busca minimizar la precariedad argumentativa fronteras adentro, sino al contrario dimensionar la gravedad de una crisis política que afecta a toda la región.

Sobre lo sucedido ayer en San Pablo, se plantea luego de casi 24 horas que el Brasil de Bolsonaro se le impuso al de Neymar. Detrás del papelón surge lo que parece ser un golpe interno del gobierno de Jair Bolsonaro a la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF), a la que no le conviene esta suspensión: los jugadores y el técnico, Tité, querían seguir jugando porque saben que a la FIFA, la organizadora de las Eliminatorias, le disgusta este tipo de intromisiones.

Horas antes de que los jugadores salieran para el estadio, el partido ya había dejado de ser Brasil-Argentina y se había convertido en Brasil-Conmebol, o sea Brasil-FIFA. Los dirigentes argentinos, con el apoyo de los dirigentes del fútbol sudamericano y mundial, explicaron que los futbolistas habían estado bajo corredor sanitario y habían cumplido los requisitos sanitarios. Todavía a la espera de que aparezcan los papeles oficiales de Migraciones, de si los jugadores dieron información falsa o no, la FIFA y la Conmebol actuaron la mañana de este domingo como suelen hacer: son Estados paralelos con reglas propias, también sanitarias, que los países aceptan. Si no, no se podrían organizar los campeonatos internacionales.

El mismo gobierno de Brasil aceptó las reglas de la Conmebol hace dos meses cuando organizó la Copa América. No sólo ya estaba en vigencia dentro de Brasil el aislamiento de 14 días para quienes vinieran de Inglaterra, sino que esa Copa no había querido ser organizada por ningún país, tampoco por Colombia y Argentina, las sedes originales, en plena expansión de la segunda ola del coronavirus. Este fin de semana, en cambio, mostró un repentino interés en aplicar las normas sanitarias que antes pasó por alto. El titular de la Anvisa, Antonio Barra Torres, es un hombre de Bolsonaro.

La suspensión del partido entre Argentina y Brasil se da en medio de las grandes tensiones que vive el país por el enfrentamiento de su presidente, Jair Bolsonaro, con la Corte Suprema, el Tribunal Superior Electoral (integrado por miembros de esa Corte) y parte del universo legislativo. Los medios dan diversas interpretaciones sobre el propósito de lo sucedido en San Pablo.

Hay dos versiones de por qué Anvisa decidió entrar en la cancha y protagonizar el tumulto. Según algunos analistas brasileños, medió en esto la necesidad de desviar la atención puesta en los actos del martes, muy cuestionados por los principales medios periodísticos. La otra interpretación es que, con esta demostración de “fuerza” frente a los argentinos, el presidente podrá reconquistar buena parte de sus bases que se habían disgregado, lo que incidió en el descenso de su popularidad.

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