México: cómo la narcoestética está cambiando el cuerpo de las mujeres

Sociedad 21 de agosto de 2021
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El estado de Sinaloa, en el noroeste de México, es el hogar del cartel de la droga más poderoso y sangriento del país. El dinero que genera ha dejado su huella en las relaciones entre narcos y mujeres jóvenes, y ha alimentado una obsesión local con la cirugía plástica.

En el escritorio de su clínica en la ciudad de Culiacán, la doctora Rafaela Martínez Terrazas tiene una pila de solicitudes de clientes potenciales: mujeres que quieren cirugía plástica. La mayoría de ellas busca hacerse procedimientos asociados con lo que se conoce como "narcoestética".
"Una cintura más pequeña y definida... Caderas más anchas con glúteos más grandes... Y si hablamos de senos, generalmente son grandes", dice Martínez.

A una mujer con esta silueta hiperfeminizada y exagerada se la conoce a menudo en México como la buchona, especialmente si le gustan los artículos llamativos y de diseño y tiene un amante narco.

Emma Coronel Aispuro, esposa del notorio exjefe del cartel de Sinaloa, Joaquín "El Chapo" Guzmán, se declaró culpable en junio en Washington DC de conspiración para distribuir drogas y una serie de otros cargos.

Según informes, conoció a Guzmán cuando era adolescente en un concurso de belleza en Durango, México, en 2007, y aceptó casarse con él ese día.


"Más que nada es el morbo de tener una mujer operada, El morbo de ver las nalgas más grandes, los pechos más grandes", dice Pedro. Pedro ha pagado por la cirugía plástica de dos mujeres.
"Quizás alguna amistad te dice: 'Oye, mi amiga quiere que le operen los pechos, las nalgas o la nariz. Anda buscando un patrocinador'. Y si el hombre se siente atraído por ella, pues si, la patrocina, dice.

Se hace un acuerdo. 
"Muchas veces la mujer te deja el cuerpo seis meses para ti. Te dice: si pagas la operación, seré tuya tres, cinco, seis meses", explica Pedro.
Y estos contratos informales pueden no ser solo para una cirugía.

"Por lo general, si una mujer no es hija de alguien con medios económicos, busca un novio que pueda mantenerla", dice. "Entonces, el acuerdo podría ser para cosas como un automóvil, una casa, dinero en efectivo o artículos de lujo".

La obsesión de la narcocultura con la cirugía plástica se ha filtrado a la sociedad en general de Sinaloa. Vallas publicitarias que anuncian cirujanos y sus productos aparecen por todo Culiacán, asegurando a los posibles clientes que pueden pagar con crédito si no tienen dinero en efectivo.

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No es raro que una adolescente reciba senos nuevos o una nariz remodelada como regalo de cumpleaños o de Navidad. Los hombres también son sometidos a cirugías y liposucciones.

Janette Quintero, quien dirige un gran salón de belleza y peluquería, se ha hecho más de 20 procedimientos quirúrgicos.
"Con gusto lo hago. Operarse es lo más bonito que puede haber en el mundo: quitarte de tu cuerpo las cosas que no te gustan", dice.
"Cuando yo tenía 23 años, era la mujer más 'nalgona' de Sinaloa. Quería que me operaran y me dejaran igual a las demás".
 
 La narcocultura ha fomentado la idea de que las mujeres son "propiedad" de los hombres, dice María Teresa Guerra, una abogada que lleva décadas defendiendo a las mujeres en Sinaloa.
Y esto aumenta el riesgo de violencia contra las mujeres, cree ella, ya sea violencia de un amante narco o de sus enemigos.
"Las mujeres han sido asesinadas porque son compañeras de un traficante, o cuando un hombre siente que ha sido traicionado. Los narcos envían un mensaje de que las mujeres les pertenecen", señala Guerra.
En Sinaloa el doble de mujeres son asesinadas con armas de fuego en comparación con otros estados mexicanos.
"Lo que encontramos en Culiacán es una alta incidencia de violencia y crueldad contra las mujeres, sus cuerpos se encuentran torturados y quemados", dice Guerra.

¿Qué tan fácil es para una mujer decirle 'No' a un narco?
"He conocido a mujeres que quieren desvincularse del narcotráfico, pero es complicado", dice Guerra.
"Las autoridades todavía no quieren enfrentar este tema de la narcocultura. No hay una lucha seria contra el crimen organizado, todavía hay complicidad. Son los narcos los que están protegidos, no las mujeres".
Carmen, que está comprometida en una peligrosa relación con un peso pesado del cartel, puede que no lo haya entendido bien. O al menos, se niega a reflexionar sobre esto.
Y no sabe cuánto tiempo más podrá resistir sus súplicas de visitar a un cirujano para agrandar sus senos o agrandar su trasero.
"Por ahora, me trata como a una diosa", dice.
Puede que sea así. Pero uno no contradice a los hombres armados en Sinaloa

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