El error de Alberto y el rescate de Mauricio

Editorial Beat 17 de agosto de 2021
En un contexto de pandemia y endeudamiento, en que la dirigencia no da soluciones inmediatas, dar el ejemplo no es un problema de moral y normativa sino uno estrictamente político y de suma importancia.
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Con temas que no estaban en agenda y declaraciones que obstaculizan la estrategia de una oposición que se encontraba en un escenario inmejorable, Mauricio Macri reapareció para tenderle la mano a un Alberto Fernández que seguramente hasta anoche estaba evaluando la movida siguiente por la foto durante el cumpleaños de Fabiola Yañez en la Quinta de Olivos.

Esa foto da la sensación que tocamos fondo, dijo Mauricio.  La musicalidad ineludible a la principal espada discursiva de campaña de Cristina, le permitió a La Cámpora recordar la reunión de Macri y su equipo con Christine Lagarde en el marco del acuerdo por 57 mil millones de dólares con el organismo y, al gobierno, un punto de apoyo para intentar recuperar el centro del ring.

Ante el fusilamiento en 1804 del duque de Enghien, acusado de participar en un complot de los realistas para derrocar a Napoleón, Joseph Fouché acuñó una de las frases por las que pasó a la posteridad: “Fue más que un crimen, fue un error”.

El Exocet que estalló el viernes lesionó uno de los ejes narrativos que el oficialismo había decidido utilizar en la campaña y dejó en evidencia algo que atravesó, hasta el momento, toda la gestión de Alberto Fernández. La figura del Presidente y lo que la rodea, que debería funcionar con precisión de relojería, queda expuesta en múltiples ocasiones y el jefe de Estado termina siendo el escudo sobre el cual estallan todos los proyectiles contra un gobierno al que, además, no le quedan cartuchos.

Si bien la justificada indignación social se centra en el episodio, en términos de funcionamiento es más preocupante advertir que no hubo ningún criterio que empujara a los invitados a dejar los celulares fuera del mitin o, al menos, no dejar registro fotográfico de un encuentro que, como reconoció Fernández, no debería haber ocurrido. 

La certeza de que el Presidente se haya comportado como un ciudadano transgresor más, cuando resaltaba en público y correctamente, las virtudes del cuidado, seguramente alimente el resquemor hacia la política. Las disculpas "al pueblo" y la asunción de responsabilidad atenúan pero no borran la mancha, que será utilizada para agitar el discurso de moda entre las ultraderechas emergentes a nivel global en el contexto de la campaña.

Este discurso gira sobre la necesidad de barrer a una supuesta casta dirigente en lo que no es otra cosa que un embellecimiento del viejo autoritarismo. En un contexto de pandemia y endeudamiento, en que la dirigencia no puede dar solución para la pobreza y la falta de crecimiento, dar el ejemplo no es un problema de moral y normativa sino uno estrictamente político y de suma importancia.

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