No sale en la foto

El País 15 de agosto de 2021
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Lo que diga el Presidente importa poco. Su palabra quedó devaluada producto de las circunstancias pero, sobre todo, de su propia responsabilidad. Valía más cuando era jefe de gabinete de Néstor Kirchner o, incluso, cuando era el jefe de campaña de Cristina Fernández, hace más de dos años. Pero el abuso desmedido del discurso en un contexto en el que los meses parecen años se fue fagocitando a un Alberto Fernández que no pudo parar de hablar en público, ni siquiera cuando esa tentación irrefrenable le provocó daños elocuentes.

Las imágenes del cumpleaños de Fabiola Yañez en Olivos se inscriben en esa dinámica. El Presidente se desmiente a sí mismo: una foto fulminante opera en tiempo real y contrasta con las horas y días de discursos en los que él repetía hasta el hartazgo lo opuesto a lo que hizo. Lo opuesto a lo que él mismo le demandaba a una sociedad extenuada por el doble combo de la crisis heredada y la peor pandemia del último siglo. 

Envenenada y en contexto de campaña, la imagen puede impactar más allá de las audiencias redundantes, en esa porción del electorado que hace rato va y viene entre el gobierno y la oposición sin encontrar una respuesta para sus padecimientos. 

Más allá de su origen, que ahora despierta teorías conspirativas de todo tipo, la postal es solo una y sirve para confirmar lo que Alberto parece no registrar, su fragilidad en todos los planos. 

Esa liviandad, que excede a lo que se advierte en la burbuja de Olivos, inquieta en cambio a la vicepresidenta que ya no sabe qué hacer ante los modos del candidato que surgió de su dedo. Herencia de una cultura política que recuerda a Néstor Kirchner, el manual de Cristina se ubica en las antípodas de las prácticas del Presidente. Por lo que se ve, la vicepresidenta está al margen de Olivos, no aparece en la escena y de sus visitas a la quinta presidencial, que son escasas, casi no hay registro. Ella no sale en la foto. 

Después de 12 años en el poder, las fotos que retrataron la intimidad kirchnerista puedan contarse con los dedos de una mano. Eso le permitió a la vicepresidenta sobrevivir a un clima de lo más hostil, como el que enfrentó entre 2015 y 2019.

La difusión de las fotos del cumple de Fabiola reactivaron en el Frente de Todos las preguntas por el destino y la función de la Agencia Federal de Inteligencia.

Las fotos de Olivos coincidieron con una semana en que las diferencias se hicieron públicas, una vez más. A dos años del triunfo apabullante sobre Mauricio Macri en las PASO , la cuenta institucional del PJ publicó una imagen de la noche de la victoria. A Cristina, que ese día había ido a votar a Río Gallegos, no le gustó quedar al margen de la evocación oficial. Lo admiten cerca de la vicepresidenta: le cayó mal que la dejaran afuera de una foto que había contribuido a posibilitar, quizás como nadie.

Las legislativas de septiembre y noviembre no sólo van a definir ganadores y perdedores entre gobierno y oposición. También van a retratar el peso relativo que cada espacio tiene dentro del FDT. Mientras el albertismo que se entusiasma con la vacunación récord y la reapertura económica agitaba hasta la semana pasada la posibilidad de la reelección del Presidente, cerca de Cristina apuestan por Axel Kicillof y tienen otro tipo de dilemas, los que la vice volvió a sincerar en Lomas de Zamora, cuando se quejó del “muerto” que les dejaron y se preguntó: “¿Cómo vamos a hacer para revertir esta realidad?”. Nadie en el oficialismo arriesga la respuesta. 

En lo económico, preocupa una inflación del 51,8% interanual que ya está en los niveles del último Macri y devora el poder adquisitivo de los sectores más vulnerables, pese a los anabólicos electorales que el gobierno anunciará hasta noviembre. Declina la liquidación de los dólares de la cosecha, las reservas que se habían recuperado con fuerza en el primer semestre vuelven a caer y la brecha cambiaria se enciende otra vez. 

Avalado por la Cristina que, en la noche del cierre de listas, anunció que el oficialismo no va a poder hacer lo que quería y usará los DEG del Fondo para pagarle al Fondo, Martín Guzmán busca acordar con Kristalina Georgieva antes de fin de año. El ministro de Economía no quiere perder por completo el regalo de Biden: pretende hacer el segundo pago en diciembre pero tener al mismo tiempo cerrado un acuerdo para que ese dinero vuelva rápido y le permita al gobierno mantener un mejor nivel de reservas. Aun cuando falte la aprobación del Congreso y del directorio del Fondo, Guzmán resolvería uno de los temas fundamentales que nublan el horizonte de los Fernández y el nuevo Fondo se convertiría en aliado del peronismo en su doble rol de auditor y acreedor privilegiado.

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