Karaoke: la innovación japonesa que se convirtió en un fenómeno global

Tendencias 07 de agosto de 2021
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La palabra karaoke traducida literalmente del japonés significa 'orquesta vacía', música sin ninguna pista vocal. En la práctica, es un artilugio que nos permite a cualquiera de nosotros cantar una canción popular sin preocuparnos por lograr el rango vocal correcto: cantar aunque no seamos cantantes.

Y de ahí es exactamente de donde vino la inspiración para el karaoke, en 1971.
Daisuke Inoue era teclista y baterista en un club en Kobe. Tocaba nagashi (una forma tradicional de música popular en Japón y Taiwán) en un grupo de músicos independientes que actuaban para los oficinistas y empresarios que visitaban el lugar.
"En aquellos días los japoneses eran demasiado tímidos para cantar delante de otras personas, pero en los clubes nocturnos o bares a veces había músicos nagashi, cantando a clientes borrachos", contó Diasuke.

Los clientes ocasionalmente empezaban a cantar con los músicos o les pedían que tocaran una canción para que ellos también cantaran".
"Uno de mis clientes, que era terrible cantando, me dijo que iba a hacer una fiesta con los accionistas de su empresa y que quería impresionarlos".
"Me pidió que reuniera a algunos músicos para que fuéramos a tocar para él, pero que cambiara las canciones para que estuvieran en su propia tonalidad y tempo y así no sonar tan mal".
Cuando no logró conseguir suficientes músicos para que asistieran al evento, Daisuke se preguntó si realmente los necesitaban. ¿No sería mejor grabar sus pistas de acompañamiento con antelación y darle una cinta al empresario?

Había estudiado ingeniería eléctrica y recurrió a esos conocimientos para dar el siguiente paso en la creación del karaoke.
"No me sentía seguro con el cableado eléctrico, así que hice lo que hoy se llamaría subcontratación: conseguí que otras personas ensamblaeran las partes de la máquina.
"El sistema en su interior fue hecho por un electricista. Tomó un amplificador grande y lo rompió, lo puso dentro de la caja con el reproductor de cartuchos de un estéreo de automóvil. Y luego le pusimos un aparato para meter monedas para que la gente pagara por cinco minutos de canto", explica.
Pero no era solo la máquina lo que era importante en la creación de karaoke, sino también las grabaciones.
Daisuke tomó canciones populares y las alteró para que estuvieran más cerca del rango de la capacidad de canto de la persona promedio.
"Desde el principio, no grabé las canciones en la misma clave y tempo. Creé el karaoke para que el 80% de la gente pudiera cantarcon él".

La primera máquina de karaoke fue instalada en un bar en Kobe en 1971.
"Los clientes realmente lo disfrutaban tanto que empezaron a llegar al bar antes de que abriera".

Un fenómeno global
Rápidamente se corrió la voz sobre cuán divertido era usar ese nuevo dispositivo, y Daisuke comenzó a alquilar máquinas a bares y otros lugares.
"El dueño del bar tenía otra sucursal en Osaka y me pidió que hiciera más máquinas de karaoke para allá, así que se empezó a extender rápidamente".
Poco después llegó a Tokio y la locura se tomó Japón, luego al este de Asia y más allá.

El primer bar de karaoke de Estados Unidos abrió en Los Ángeles en 1982, y pronto se convirtió en una sensación mundial.

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Hoy en día, las máquinas de karaoke se volvieron un elemento habitual de bares, discotecas e incluso el hogar. Teniendo en cuenta eso, se podría pensar que Daisuke se convirtió en un hombre muy rico... pero resulta que nunca patentó el invento.

"No sabía cómo ganar dinero con ello y no tenía suficiente dinero para solicitar la patente. Además, pensé que siendo una colección de productos prefabricados, no se podía patentar".
Daisuke no ganó nada de su trabajo original en la máquina de karaoke mientras que la versión filipina, el sistema de karaoke Sing Along, fue finalmente patentado por Roberto del Rosario en 1975.
Sin embargo, las cosas eventualmente se tornaron a favor de Daisuke, y comenzó a ser reconocido por su trabajo pionero.

Fue nombrado uno de los asiáticos más influyentes del siglo XX por la revista Time y en la Universidad de Harvard, en 2004, recibió el Premio Ig Nobel, un premio alternativo otorgado a las personas que han hecho una contribución a la ciencia.

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