Cómo es entrar a los Juegos Olímpicos: seguridad de aeropuerto, militares y reconocimiento facial

Tokio 2021 30 de julio de 2021
Acceder a una sede en Tokio 2020 implica pasar por una serie de rigurosos controles
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Los Juegos Olímpicos tienen desplegado un operativo de seguridad a la altura de lo que representan, con el fin de evitar cualquier tipo de problema. Por eso entrar a las sedes de competencia implica pasar por estrictos controles dignos de cualquier aeropuerto, custodiados por militares japoneses y equipados con tecnología de primer nivel.

Después de tomar la temperatura con cámaras térmicas y la higienización de manos, hay que poner la cara. La empresa Atos, encargada de todos los sistemas relacionados a Tokio 2020 y con vasta experiencia en competiciones así (su historia arrancó en Barcelona 1992), logró poner en marcha la identificación facial, con máquinas que sacan una foto de cada persona que llega y escanean su rostro.

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Esto se acompaña con un chip colocado en la credencial de cada uno, que debe hacer contacto con un sensor. Si la pantalla se pone verde, hay que pasar al escaneo de las pertenencias. Por ahí pasan mochilas, bolsos, celulares, instrumentos de trabajo y todo lo que uno pueda tener a mano. Y el último paso es el detector de metales, donde más de un cinturón o reloj olvidado hace sonar la alarma.

No solamente se aplica en las más de 40 sedes de competencia, sino que también hay controles idénticos para ingresar a la Villa Olímpica, el Centro Internacional de Transmisión (IBC) y su equivalente para la prensa escrita (MPC), estos últimos ubicados en el gigantesco Tokyo Big Sight, un centro de convenciones con 25 hectáreas puesto al servicio de los medios desde donde transmite TyC Sports.

¿Y qué es lo que más sorprende de estos controles?

Primero, que parecen infalibles: no hay manera de que alguien entre con una identidad que no es la suya, ni que pueda pasar con algún objeto peligroso.
Y segundo, la amabilidad: no solamente de los voluntarios japoneses, sino de las fuerzas de seguridad. Hasta se prenden en chistes y siempre tienen una sonrisa, por más explicación que sea necesaria ante algún mate en la mochila, algo desconocido al otro lado del planeta.

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